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La promesa de Valentím
Aquel famoso penal atajado por Roma a Delem, en 1962, tuvo otra anécdota paralela, protagonizada por el brasileño Valentím, quien convirtió el único gol de Boca en ese superclásico. Cuando se estaba por ejecutar el penal en favor de River, a cinco minutos del final del cortejo, Valentím hizo una promesa: "Si Delem no hace el gol, me voy caminando desde mi apartamento (ubicado en Once) hasta la iglesia de la calle Bolívar y le entrego diez mil pesos al primer mendigo que encuentre".
Las manos de Roma le dieron a Boca la victoria y medio título de campeón, mientras que Valentím, al día siguiente, tuvo que cumplir con su promesa. Fue caminando desde su casa hasta el centro, recibiendo felicitaciones a su paso por la victoria. Al llegar a la puerta de la iglesia se escuchó la voz de una anciana, quien suplicó "una monedita, por favor". Valentím giró su cabeza para observarla y no dudó un instante, puso los diez mil pesos en una de las manos de la anciana, que no podía salir de su asombro y sólo atinó a abrazar las piernas del brasileño y luego salir corriendo.
La promesa quedó cumplida. Valentím, tan afirmado en sus creencias religiosas como en su extraordinaria capacidad para definir en el área rival, quedó tranquilo con su conciencia e inmensamente feliz. Dos días después marcaría dos goles en la victoria por 4 a 0 ante Estudiantes y daría así su primer vuelta olímpica luciendo la camiseta de Boca Juniors, tal como lo había soñado desde el mismo momento que llegó de Brasil.