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Jaime Sarlanga

Su transferencia al club de la ribera, abandonando la estupenda
delantera que tuvo Ferro Carril Oeste por los fines de la década
de los treinta, junto a Gandulla y Emeal, fue la solución para
un ataque que necesitaba imperiosamente una inyección
revitalizadora de un hombre metedor.
En las 9 temporadas que estuvo en Boca convirtió 115 en 193 partidos. Pero además fue el símbolo del Boca, que en la década del 40, se caracterizaba por su fervor y su fuerza en los "contrapuntos" con equipos más dotados técnicamente como "La Máquina" de River o el quinteto de San lorenzo del 46. Era el estratega de los xeneizes, el hombre que le daba vértigo al juego, el armador indiscutible, el que se desmarcaba constantemente por todo el frente del ataque en busca de claros.
Hábil en el manejo del balón, no tenía ningún problema para manejarlo con cualquier perfil, pero prefería volcarse hacia la derecha para entrar más armado al área.
Comenzó como jugador en Defensor y Sportivo Delta de Tigre. Debuta en Boca en la primera fecha del campeonato de 1940 y causa en una primera instancia, desilusión. Es un hombre que prefiere las maniobras combinaedas a la definición contundente y espectacular. Con el correr de los partidos esa primera impresión cambió por el afecto, primero, y la idolatría después.
Su mejor año fue el de 1940. Veinticinco fueron los tantos que "Piraña" convirtió esa temporada. Pero la delantera que más se recuerda es la que integró por el 43 y 44 cuando se coronó campeón en ambas temporadas. Fue titular hasta 1948 cuando jugó sus últimos partidos para Boca. Después fue el encargado de reemplazar a Ernesto lazzatti en la conducción como entrenador del equipo en 1955, pero no satisfizo.
El 23 de agosto de 1966, cuando sólo tenía 50 años, lo sorprendió la muerte. En el recuerdo de los boquenses quedó esa historia de nobleza, valentía y calidad.
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